
En los últimos años se ha registrado un aumento de los casos de Trastornos de la Conducta Alimentaria a nivel mundial. También en España hemos comprobado cómo estos trastornos se están convirtiendo en un problema de salud pública, sobre todo desde la pandemia por Covid-19. La atención psicológica dirigida a jóvenes en etapas de desarrollo vulnerable resulta fundamental para detectar a tiempo estas dificultades y ofrecer un tratamiento adecuado antes de que el problema se consolide a largo plazo.
Lejos de ser un problema banal y temporal, vemos con frecuencia que los Trastornos de la Conducta Alimentaria tienen consecuencias devastadoras para la persona que los padece. Pero también para sus familias que, además de la preocupación por la gravedad de los síntomas, ven amenazadas la estabilidad y las relaciones de todos.
Y esto es así porque los Trastornos de la Conducta Alimentaria son complejos y severos, y no solo afectan a la conducta alimentaria, sino también al estado emocional y cognitivo del paciente.
Si te preocupa esta condición y quieres saber cómo luchar por superar cualquiera de los Trastornos de la Conducta Alimentaria, este artículo de ACM Psicólogos, te interesa.
Esta situación provoca, como hemos dicho, un deterioro de la salud física y también psicosocial. Las personas que padecen algún tipo de TCA suelen tener problemas emocionales y cognitivos a nivel personal, social, familiar e incluso escolar o laboral. Y, por supuesto, la mala alimentación o escasa absorción de nutrientes reduce la salud y calidad de vida de las personas, que presentan altas tasas de comorbilidad y mortalidad.
Estos trastornos suelen aparecer en más del 90% de los casos en mujeres. Y se suelen iniciar entre los 12 y 26 años de edad, aunque pueden aparecer en otras franjas etarias.
Dentro de estos Trastornos de la Conducta Alimentaria, los más diagnosticados son la anorexia nerviosa, bulimia nerviosa y trastorno de atracón. Pero también existen los trastornos no especificados, que son aquellos que tienen síntomas relacionados con la conducta alimentaria, pero no cumplen todos los criterios como para poder decir que lo son. Es el caso de la vigorexia, que es la obsesión por la musculación; o la ortorexia, que es la obsesión por la comida sana, que hacen que la persona limite su alimentación a escasos productos o alimentos. No obstante, los TCA son muchos más.
Como decimos, según las características de cada paciente, se pueden encontrar diferentes trastornos de la alimentación:
Los trastornos alimenticios, al igual que otros trastornos, son de origen multisectorial. Es decir, no existe una causa única, sino que se da una interacción entre diversas causas, que son de distintos orígenes:
En definitiva, la imagen física no es el único factor de riesgo. La combinación de cualquiera de estos factores de riesgo que hemos comentado, hace que aumente la probabilidad de que se produzca un trastorno.
Existen ciertos hábitos que están relacionados con la alimentación y que nos pueden alertar sobre conductas poco saludables. Estos hábitos, junto con otros factores, pueden desembocar en un Trastorno de la Conducta Alimentaria:
También pueden aparecer otros síntomas no relacionados con la alimentación, como son los problemas del sueño, mal humor o cambios de humor repentinos y aislamiento social y familiar.
En cuanto al aspecto de la persona, hay que tener en cuenta que no todas las personas con Trastornos de la Conducta Alimentaria están delgadas. Los TCA son trastornos del comportamiento y no del peso; por lo que se pueden desarrollar en personas de cualquier peso, talla, altura, etc.
La superación de los trastornos alimentarios no se limita únicamente a la recuperación del peso, como se pensaba antaño. Hoy sabemos que es necesario trabajar en la recuperación total del bienestar físico y emocional.
Si solo se trata la parte física para conseguir que la persona coma y recupere un peso saludable, es muy posible que cuando la persona vuelva a tener algún problema, vuelva a caer.
Por eso es necesario llevar a cabo un tratamiento multidisciplinar del psicólogo junto con otros profesionales de la salud, como nutricionistas, así como psiquiatras, si es que fuese necesario ayuda de medicamentos.
La atención psicológica es esencial para volver a establecer unas pautas correctas y volver a educar en la alimentación. Debemos poder normalizar el ciclo de la comida y ya entonces tratar de averiguar por qué ha empezado todo el problema. Una vez detectada esa falta de gestión emocional, hay que dar las herramientas para aprender a gestionar de forma sana, tener alternativas y construir unos patrones de pensamiento positivo.
Y puesto que en ocasiones es el núcleo familiar el que genera estos problemas (pueden ser familiares muy sobreprotectoras o desestructuradas) es necesario realizar terapia familiar, ya que la familia es un gran apoyo para superar los TCA.
Desde ACM Psicólogos podemos aportar la terapia individual desde un enfoque cognitivo conductual para ayudar a identificar las causas y cambiar los patrones de comportamiento relacionados con la conducta de la alimentación.
Si la causa ha sido una vivencia traumática, en ACM Psicólogos también podemos desarrollar la terapia EMDR para activar los componentes de la memoria traumática a través de la estimulación bilateral hemisférica. Así es como podemos establecer nuevas redes neuronales y conseguir la desensibilización y procesamiento de las emociones, sensaciones y creencias negativas que se instalaron en el momento del hecho traumático.
Si alguno de los Trastornos de la Conducta Alimentaria se ha instalado en tu vida o en la de tu familia, en ACM Psicólogos podemos ayudaros a afrontarlo y superarlo. Contacta con nosotros e infórmate de cómo, con la terapia cognitivo conductual y la terapia EMDR, es posible mejorar la relación con la alimentación y conseguir una óptima salud emocional y física.
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