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El vínculo afectivo entre madre e hijo. El apego

¿Conoces la teoría del apego? ¿Quieres saber cuáles son las fases del apego en un bebé y en qué consta la ansiedad por separación que les puede surgir?

Los seres humanos al nacer poseemos unas necesidades básicas que deben ser satisfechas para poder sobrevivir y adaptarnos. La teoría del apego sostiene que de entre todas las necesidades, la de establecer vínculos afectivos prevalece por encima de las demás, esto es debido a que si el niño consigue establecer un vínculo afectivo con uno o varios cuidadores tendrá el resto de sus necesidades cubiertas

El apego es el lazo afectivo que forma una persona con otra de su especie, nos referimos a apego cuando hablamos de la relación interdependiente que establece el niño con la madre, padre y las personas que conviven con él. La manifestación más patente de este en la primera infancia es la tendencia a intentar lograr una constante proximidad al objeto de apego ya sea en forma de contacto físico, visual o comunicación a una cierta distancia.

Apego: bebé en brazos

Según Bowlby, iniciador del trabajo en este campo, si el pequeño consigue mantener una cercanía con el cuidador se minimiza su riesgo de daño físico. Debido a eso, puede buscar bienestar y protección especialmente cuando se ve sometido a situaciones atemorizantes o sensaciones angustiosas.

Para que el apego sirva a este propósito el cuidador debe estar disponible y ser confiable. No se trata de que se halle constantemente cerca en sentido físico, sino mostrarse receptivo a las necesidades de bienestar y protección del bebe. Un progenitor disponible y receptivo proporciona una base segura desde la cual el niño se desplaza al exterior para explorar el entorno, confiando en que permanece continuamente accesible si lo necesita, lo que hará que se sienta cómodo en su exploración.

Ya desde muy pequeños este vínculo se manifiesta a través de una serie de conductas de apego que promoverán la proximidad y el contacto con las figuras de apego:

  • Llamadas mediante lloros, sonrisas, vocalizaciones, gestos, etc.
  • Contactos táctiles frecuentes e íntimos.
  • Vigilancia y seguimiento visual y auditivo de las figuras de apego.
  • Conductas motoras de aproximación y seguimiento.
  • Comunicación basada en gestos.

A diferencia de algunos animales, en los seres humanos el vínculo propiamente dicho tarda muchos meses en aparecer, y se va construyendo a partir de un complejo intercambio de conductas entre bebe y cuidador que permanecen estables y constantes en el tiempo.

Fases del apego:

Desde el nacimiento hasta los 7 meses de edad el apego está en construcción:

  • De 0 a 2 mese. Las primeras respuestas de un bebé hacia la gente son indiscriminadas y no reflejan apego. Los llantos del bebe demandan leche, pañales secos y exigen el fin del estado de incomodidad. Pero también se acepta esta ayuda y alivio de todo el mundo.
  • De 2 a 7 meses. Empiezan a discriminar entre la gente que les rodea. A los 5 meses sonríen a rostros familiares pero las sonrisas indiscriminadas que hacían a personas extrañas a los 2 meses van disminuyendo o incluso desaparecen. El bebé al reconocer los rostros de las personas que alivian su incomodidad siente una emoción positiva, responde con un brillo en los ojos, sonidos de gozo y movimientos de brazos. Aun así, a los 5 meses no se ha desarrollado completamente el apego. Por lo que si los padres dejan al bebé con un/a canguro es raro que proteste.
  • De los 7 a 30 meses (2’5 años). A los 8 meses la mayoría de los bebés ya han desarrollado el intenso vínculo que supone el verdadero apego. Es entonces, cuando aparece el dolor ante la separación de la figura de apego. Por lo que el bebé se entristece cuando se separa del cuidador e intenta seguirle. También aparece la angustia o recelo ante el extraño. ¿Por qué? Porque este siente aversión, timidez y rechazo hacia la persona desconocida que intenta acercarse a él. Se trata de un mecanismo de supervivencia que fomenta que el bebé que ahora ya ha adquirido una mayor movilidad se limite a estar cerca de sus personas de confianza para protegerse de posibles peligros.

  • De 30 meses en adelante. Esta es la fase de apego maduro, dónde el vínculo emocional sigue siendo fuerte y el niño todavía desea estar cerca de sus padres pero ya se ha introducido el dar y recibir en sus relaciones. Ahora el niño puede usar palabras, abrazos y puede razonar sobre la ausencia de sus padres, cuando los padres se marchan este continua sintiéndose seguro mientras sepa a dónde han ido y cuándo volverán.

 ¿Qué es la ansiedad por separación?

En la tercera etapa del apego (entre los 7 y los 30 meses) aparece la ansiedad de separación. Cuando una madre deja a su bebé en un lugar que no le es familiar… El bebé llora y deja de jugar. Cuando la madre se va tratará de alcanzarla, incluso gateando tras ella. Se trata de una función adaptativa que garantiza la supervivencia en el bebé y le proporciona una seguridad emocional. El bebé sabe que mientras está su figura de apego delante cualquier lugar es seguro. Por lo que no tendrá que preocuparse por las situaciones o sitios nuevos. Y los podrá experimentar sin tener miedo.

La ansiedad por separación se hace evidente hacia los 8 o 9 meses y permanece muy pronunciada hasta los 18 meses, que es cuando empieza a declinar.

¿Qué es la angustia hacia el extraño?

Se trata de una reacción natural que se desarrolla a los 8 meses complementando al apego. Esta ayuda al bebé a evitar situaciones, personas u objetos que podrían poner en peligro su vida.  Esta reacción será mucho más intensa cuando la figura de apego del bebé se encuentre ausente, ya que este responderá ante el extraño con miedo, apartándose, mirando hacia otro lado, frunciendo el entrecejo, gimiendo e incluso llorando.

Desde el equipo de ACM psicólogos te comentamos algunos factores que afectan al desarrollo de un apego seguro:

Apego: madre e hijo

  • La sensibilidad de una madre con respecto a las necesidades de su bebé. Es importante que la madre que este atenta, predispuesta a atender a su hijo y que responda cuando se la demanda.
  • Que se trate de una madre amable, cariñosa, receptiva, que no moleste al bebé ni le trate de forma brusca.
  • El temperamento del bebé también es fundamental de cara al estilo de interacción madre e hijo que se generará. Si se trata de un bebé más difícil de cuidar, menos sociable, que se mantiene en un estado de menor alerta o actividad y se desarrolla con una mayor lentitud. Es importante que la madre se muestra flexible y se adapte al ritmo y necesidades del bebé.
  • En varios estudios se encontró que algunos bebés mostraban un apego inseguro. El bebé no lloraba ni seguía a la madre cuando esta lo dejaba. Y se mostraban ambivalentes o rechazantes ante su regreso.
    • Del tipo ambivalente si tenían madres que se mostraban quisquillosas, incoherentes en sus acciones y que actúan a favor de su propia conveniencia ignorando las necesidades del bebé. Estos bebés aprenden que no pueden predecir como va a reaccionar su madre, que a veces se muestra dulce y otras veces le rechaza.
    • Del tipo evitativo o rechazante si tenía madres lentas en responder, que no les proporcionaban un contacto físico cálido y gratificante. Se trata de madres que transmiten frialdad.

Apego hacia el padre:

Actualmente cada vez más padres participan en el cuidado de su hijo. En los estudios más recientes se ha descubierto que en los casos en que padre y madre participan por igual en el cuidado y atención de su bebé, estos se apegaban a ambos padres a la vez, aunque la naturaleza del apego a cada uno de los padres pueda ser algo distinta.

En conclusión, se ha visto que el apego del bebé tiende a ser similar en padres y madres. Y asimismo, el apego de un padre hacia su bebé puede ser igual de profundo como el de una madre.

 

Escrito por: Anna Cadafalch

Directora de ACM psicólogos

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